Volvió la primera versión (de
Viena, en italiano) de uno de los faros de la ópera ‘reformada’ de Gluck, para
dos funciones en forma de concierto, si bien con movimientos de los intérpretes
(y gestos del coro dispuesto a los costados del escenario) aunque no figura el
responsable de los mismos (que en el caso de Amor fueron bastante tontos y artificiosos).
René Jacobs es un
especialista notable, aunque entre aquel Orfeo
de Monteverdi en Salzburgo en los años 90 del siglo pasado y este haya pasado
tiempo, y se note en una aproximación sumamente detallada sí, pero algo ‘neutra’
y bastante artificiosa en algunos momentos. Que la Orquesta Barroca de Friburgo
es muy buena resulta una obviedad, pero la expresividad fue un tanto exigua, algo
así como ‘nueva objetividad’ aunque, por supuesto, nadie pida una
interpretación romántica.
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