Que una casa de campo
ofrezca Tristán e Isolda en un
teatrito de ópera construido en sus jardines, y con elenco y orquestas locales,
es una muestra de la vitalidad de la vida musical inglesa. La orquesta llamada Gascoigne en homenaje al ya muerto
donante de la casa y los jardines que ocupa esta Grange Park Opera ubicada a
una hora y media de Londres, se lució en esta oportunidad con impecable
precisión de ataque y nitidez cromática. Su director Stephen Barlow, un
respetable Kapellmeister, impuso tiempos a veces muy lentos y en general, una
interpretación donde hubiera sido de desear un mayor contraste y dramatismo.
Pero su parsimonia, fastidiosa en el primer preludio y siempre algo anémica en
materia de sforzando, fue seria, contenida, y de coherente y progresivo
dramatismo hasta llegar a un excelente tercer acto.
Charles Edwards impuso
un…
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