La sombra del sinfonismo beethoveniano se extendió por casi cincuenta años durante el siglo XIX. Esa sombra fue la causa por la cual otro genio alemán, Johannes Brahms, tardaría catorce años (1862-1876) en componer su primera sinfonía, que vio la luz cuando el compositor tenía 43 años de edad. El respeto que Brahms sentía por la titánica producción sinfónica de Beethoven, la búsqueda en expresar el equilibrio entre lo clásico y lo romántico que por aquellos años pocos se habían percatado en las sinfonías de Beethoven, produjo finalmente que Brahms encontrara su propia personalidad y lenguaje sinfónicos. Su tejido musical, su forma, su estructura que omite el tradicional minué o scherzo en el tercer movimiento, la derrota que infligen las tonalidades mayores contra menores, la utilización de distintos ritmos y modulaciones, incluso dentro…
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