Francia

Reparto de lujo para 'Griselidis' de Massenet

Francisco Leonarte
miércoles, 19 de julio de 2023
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París, martes, 4 de julio de 2023. Théàtre des Champs-Élysées. Grisélidis, conte lyrique en trois actes et un prologue. Libreto de Armand Silvestre y Eugène Morand, a partir de su propia obra teatral. Música de Jules Massenet. Con Vannina Santoni (Grisélidis), Thomas Dolié (le marquis), Julien Dran (Alain), Tassis Christoyannis (le diable), Antoinette Dennefeld (Fiamina), Adèle Charvet (Bertrade), Thibault de Damas (le prieur), y Adrien Fournaison (Gondebaut). Choeur et Orchestre de l'Opéra national Montpellier Occitanie. Dirección musical, Jean-Marie Zeitouni. Versión de concierto.
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Quien esto escribe había escuchado en disco Griselidis. Y le había parecido de lo más flojito de Massenet. Pero una obra nunca es lo mismo escuchada en disco y escuchada en directo, aunque sea en versión de concierto, así que había que darle una seguna oportunidad a Grisélidis.

Esa oportunidad nos la brindó el fantástico Palazzetto Bru-Zane, la fundación en pro de la música francesa del siglo XIX.

Y con un reparto vocal difícilmente mejorable.

El esmero con que Bru-Zane escoge a los cantantes para los roles secundarios es ejemplar. Thibault de Damas y Adrien Fournaison, voces sanas y de buen volumen, dieron sentido y musicalidad a sus pequeños personajes. Cantantes que dan ganas de volverlos a escuchar pronto.

Tassis Christoyannis, que (por suerte) colabora con frecuencia con Bru-Zane, cantó un Diablo sabroso, escrito en la tradición de Goethe-Berlioz-Gounod como un personaje tan divertido como inquietante, Christoyannis lució su bonita voz y su talento interpretativo, añadiendo en cuanto podía notas de humor elegante. Y recibió a cambió toda la simpatía del público

Y para elegancia, la linea vocal de Vannina Santoni. Parece hecha para Massenet (ojalá se les ocurra programarla pronto para Sapho, del mismo autor, por ejemplo). Auténtica voz de lírica, con volumen, con toda la paleta expresiva necesaria para darle profundidad a un personaje que sobre el papel es un tanto convencional …

Antoinette Dennefeld, buena mezzo capaz de dar carácter a su voz pulida, dio en efecto carácter a su diablesa, Fiamina. Y Adèle Charvet, mimada por la orquesta en su bonita canción, mostró tanta dulzura como elegante picardía.

En cuanto a Thomas Dolié, tras esta interpretación, nos parece barítono a clasificar entre las grandes voces francófonas de su cuerda: precioso timbre, inteligibilidad perfecta, buen volumen, agudos certeros y redondos, preciosa mezzavoce, preciosos piani, inteligencia teatral...

Julien Dran también es voz importante. Y tenor valiente, con agudos segurísimos y plenos. Sin embargo parece menos capaz de matices que sus colegas, cantándolo todo en forte. Tal vez se sintiese obligado a ello por el volumen que Zeitouni daba a la orquesta...

De nuevo demasiado volumen orquestal

La Orquesta de la Ópera nacional de Montpellier Occitanie es todo un lujo. Sonido hermoso -tanto de cuerdas como de vientos- solistas admirables... Pero a veces el lujo excesivo va en contra de la belleza, ¿verdad?

Es lo que parecen no entender buena parte de los directores de orquesta. Y Zeitouni no fue excepción. Cierto, los distintos matices orquestales están ahí; cierto, el sentido de la melodía está ahí, y el entusiasmo. Pero siempre un punto de volumen por encima del de los cantantes, produciendo en general una sensación incómoda.

Los coros, que sólo intervienen entre bambalinas, cumplen con creces en su breve cometido.

¿Y la obra en sí ?

Pues con gran dolor de mi corazón, si tengo que reconocer la verdad, Grisélidis me sigue pareciendo aburrida. Con momentos magníficos, del gran Massenet, concentrados sobre todo en los dos primeros cuadros. Y después, muchos momentos de milagro sin auténtica grandeza, de religiosidad sin auténtica espiritualidad, de grandes acordes convencionales ...

El crítico -recordémoslo de nuevo aunque sea perogrullo- da su propio parecer, que puede a veces no coincidir con el de la persona de al lado. Pero la verdad es que sigo sin entender por qué Massenet (que, para más inri, según tengo entendido, no era creyente) quiso musicar esta historia. Un argumento inspirado en un cuento de Boccacio, que ya Alessandro Scarlatti había utilizado, y que, perfectamente sexista en su época, ha envejecido todavía peor. Y a cada escucha encuentro que el argumento lastra la música. Poca acción, mucha beatería vacua, mucha frase de viejo catecismo más atento a la moralidad que a la verdadera relación con la divinidad, mucha reacción incongruente, varios momentos mal resueltos, un final que no acaba de finalizar... Ciertas escenas, de lo tontas que resultan, parecen casi remedos sin gracia y sin talento del teatro de Maeterlinck...

Pero insisto, sólo se trata de la impresión recibida por quien esto escribe.

De hecho el concierto tuvo un éxito notable. Y buena parte de la crítica ha recibido con algaraza la obra. Claro, que se trata de los mismos críticos que hace poco encontraron «flojita» la sin embargo personalísima Fausto de Bertin, o «interminable» la, por el contrario, fascinante Hulda de César Franck. Así que, de alguna forma, me siento confortado en mis opiniones ... 

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