Programa coherente el que
ponen hoy en atriles la Filarmónica de Berlín y Kirill Petrenko. Las Variaciones de Brahms y de Schoenberg
están emparentadas a través de muchas raíces comunes, que van desde la práctica
de un género antiquísimo muy caro a los compositores hasta la admiración que
Schoenberg sentía por Brahms. Y ambos admiraban a Beethoven, quien en su Octava Sinfonía consiguió una obra
perfectamente concisa, como lo son las otras dos en cartel. En total sólo una
hora de música; pero qué música, y qué interpretaciones.
Petrenko atinó con el “tempo
giusto” para presentar el “Coral de San Antonio”, atribuido a Joseph Haydn
(aunque parece ser que no es suyo), que -como buen coral- Brahms presenta en
unas maderas que cantaron con solemnidad pero sin ensimismarse. El discurso
siguió animado a lo largo de toda la obra, incluso en las…
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