Siempre es
emocionante asistir al concierto inaugural de un primer festival de
música. Máxime cuando, lejos de todo ribombori, el concierto tiene
lugar como una reunión de amigos músicos que pasan un buen momento
juntos, en un ambiente distendido, al aire libre, al final de un
caluroso día de septiembre, en un hermoso lugar, ante las murallas
de Denée, localidad al pie del caprichoso río Loira, cerca de Angers.
La cosa
tiene mérito, mucho mérito, cuando además sabemos que se trata de
una iniciativa privada: Dominique Denis, mecenas y melómano,
propietario del lujoso hotel Loire et Sens, se ha liado la manta a la
cabeza y ha decicido crear este festival empezando por llamar a
su amigo Michel Lethiec, prestigioso clarinetista que estuvo varios
años al frente del festival de Prades. Y el cultísimo y
simpatiquísimo Michel Lethiec, a su vez,…
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