Que la Orquesta y Coro de la Scala de Milán
ofrezcan un programa dedicado a Verdi no parece el colmo de la originalidad.
Pero es cierto que el público que llenaba el noventa por cien de la sala venía
a eso: los grandes éxitos corales de Verdi interpretados por los cuerpos
que con más prestigio representan la italianità en todo el mundo. Y allí
estaban.
Así que la cosa empezó por donde debía
empezar, por el primer gran éxito verdiano, Nabucco: resaltando los
pequeños detalles orquestales, jugando con los silencios, fraseando con
maestría, Chailly y su orquesta hicieron de la un poco tosca (aunque
eficacísima, bien es verdad) partitura del primer Verdi, un modelo de sutileza
que recordaba por momentos al mejor Donizetti, y por momentos parecía anticipar
todo lo que serán después las grandes obras verdianas de madurez. Escuchamos
después los…
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