Se subió al banquito. Con lentitud rodeó su cuello con un cinturón. Un episodio de fogonazos echó luz en su mente. Pero era en vano. Estaba en Berlín, sin dinero. Los acreedores lo acosaban. No conseguía contratos. Lo más terrible: no estaba enamorado. Tenía 20 años. Nada tenía sentido. Apretó la vida entre los dientes. Cerró los ojos. Pateó el banquillo. Cayó pesadamente. Sus párpados quisieron abrir el silencio de la muerte, pero para su sorpresa vio que el cinturón no había resistido su peso; se había cortado. El llanto le inundó el corazón. Se dirigió al piano. De esas lágrimas brotó la música. En ese instante, la fórmula de la felicidad se le apareció en las manos.Ante el asombro de sus padres, 'Artur' Rubinstein garabateó su primera mirada el 28 de enero de 1887 en Lodz (Polonia). No estaba en los planes familiares y llegó 8 años…
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