Se sienta el crítico sin saber lo que va
a escuchar ni quiénes son los intérpretes, y, una vez orquesta y director a sus
puestos, empieza a sonar el Preludio de Tristán... ¿Pues qué quieren que les
diga? Siempre es una sensación mágica.
Empieza el Preludio de Tristán. Aquello
suena como una caricia. Jurowski pide a su orquesta que comience cada frase con
mucha suavidad y que cada frase termine con un suave diminuendo. Y sólo poco a
poco (muy poco a poco) va aumentando la intensidad. Hasta llegar al final del Preludio, que enlaza, como es habitual, con la 'muerte de amor' de Isolda. Y como
es frecuente, Isolda no aparece por ningún lado, y al auditor esa 'muerte de
amor' se le queda algo coja ... Lástima, porque el Preludio había estado
realmente bien, pero fuerza es reconocer que sin la soprano aquello se queda a
medias ... Sin duda, no…
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