Francia

Del buen director de orquesta: Ligeti y Mozart por San Roth

Francisco Leonarte
martes, 19 de diciembre de 2023
György Ligeti © Dominio público. Pinterest György Ligeti © Dominio público. Pinterest
París, martes, 28 de noviembre de 2023. Maison de la Radio. György Ligeti: Kammerkonzert; Concierto para piano. Wolfgang Amadeus Mozart: Concierto para violín nº3 en sol mayor, K216; Sinfonía nº35 « Haffner » en re mayor, K385. Con Jean-Frédéric Neuburger (piano) e Isabelle Faust (violín). Les Siècles. Dirección, François-Xavier Roth. (Ligeti es interpretado con instrumentos modernos a 442 Hz y Mozart con instrumentos clásicos a 430 Hz)
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¿Qué le pedimos a un intérprete musical? Que nos restituya una partitura. Cierto.

¿Y cuándo nos parece que un intéprete es bueno? Cuando la obra restituida brilla y nos hace disfrutar.

Un buen intérprete no es simplemente quien tiene capacidad técnica para reproducir lo que fue escrito por el autor. Es quien, además, comprende la obra y sabe hacérnosla llegar en óptimas condiciones.

Por eso creemos que François-Xavier Roth con su orquesta Les Siècles se hallan entre los mejores intérpretes sinfónicos con los que uno se pueda topar en este tercer decenio del siglo XXI. Cada vez que hemos asistido a una de sus interpretaciones, la obra interpretada brillaba. Este fue también el caso en el presente concierto.

Ligeti luminoso

Comenzaba el concierto con una maravillosa obra de Ligeti (quien esto escribe intenta no poner demasiados adjetivos ditirámbicos, pero en este caso no ha podido evitarlo), su Concierto de Cámara: ¡cuánta imaginación en los procedimientos utilizados!, ¡cuánta sabiduría en la forma de explotarlos!, ¡qué capacidad de sorprender!

Y qué delicadeza la de los profesores de Les Siècles, qué suavidad en el manejo de sus instrumentos. El auditor aguza el oído para no perderse ni una sola proposición sonora. Yo no sé qué puede dar en grabación una obra tan primorosa, en que la sensación auditiva es primordial; sé que en vivo es un festín.

Roth, que por supuesto está técnicamente ahí, dando entradas, marcando tiempos, sugiriendo o recordando con el gesto lo que sin duda se habló en los ensayos, entiende la obra desde dentro. Sabe resaltar tal o cual detalle para que surja ante el auditor toda la coherencia interna de este Kammerkonzert.

Y al final reciben, Roth y los maestros de Les Siècles, ovaciones de un público maravillado.

Después de esta obra del final de los sesenta, tal vez hubiera sido hora de intercalar el Concierto para violín mozartiano, para alternar los sabores en boca (como el perfumista que chupa un grano de café entre cada olor) y poder apreciar mejor la obra siguiente. Imagino que han prevalecido criterios prácticos de cambio de configuración de la sala y de cambio de instrumentos, y lo siento.

Así que la orquesta (en formación reducida) ataca el otro Ligeti del programa, su Concierto para piano. Lo confieso, creo que si no hubiéramos escuchado antes el Kammerkonzert, el Concierto para piano me hubiese parecido estupendo. Pero es imposible no establecer comparaciones, y la manera compositiva de los años 80 (aún guardando sorpresas y momentos muy disfrutables) parece palidecer ante la abundancia y contundencia de la de los años 60-70.

En el Concierto para piano brilla el pianista virtuoso, pero también los percusionistas (uno de ellos, a la marimba, tiene una última intervención de Envido a la grande y me pongo la carta en la oreja) y en general todos los super-solistas de la orquesta.

Jean-Frédéric Neuberger, generoso, se sienta al piano para agradecernos los saludos, y toca un hermoso Étude nº2 «cordes à vide» del mismo Ligeti. Sereno y hermoso.

Mozart en segunda parte

Y después, Mozart. Servidor de ustedes no entendió muy bien lo de Ligeti en primera parte y Mozart en segunda. Salvo, claro está, correspondencias íntimas entre las obras. Pero en tal caso se trataría de correspondencias íntimas y muy subjetivas ...

Pero no vamos a amargarnos la vida por un problema de coherencia de programa: los hay mucho más disparatados y hasta puede ser divertido, ¿no?

El caso es que Roth y Les Siècles salen de una sesión intensiva de Mozart porque han estado representando La Flauta Mágica en el Théâtre des Champs-Élysées hasta hace cuatro días, o sea que, por ese lado, no tendrían que plantearse problemas de estilo.

Y de hecho no se plantean. Todo lo contrario. Mozart está ahí, de la primera a la última nota, como una evidencia.

Comienza la segunda parte con el Concierto para violín nº3 en sol mayor con Isabelle Faust como solista. Ya tuvimos la suerte de escuchar a Faust en el concierto para violín de Stravinsky y de cantar sus alabanzas. En Mozart, no sólo se trata de la comodidad de la intérprete en las dificultades, lo que sobre todo nos admira es su fraseo tan sencillo, haciendo que todo parezca fácil, que cada melodía y cada giro, nos sorprendan y a la vez nos parezcan insustituibles. Todo amable sin ñoñerías, sin trampas. Y con una bonita emoción.

Faust sonríe mientras toca, y el público sonríe mientras la escucha. Y la orquesta la arropa y la aúpa.

Con lo cual -ya saben ustedes o al menos se lo han figurao- al final del Concierto de Mozart, nueva salva de aplausos y bravos.

Y Faust, dejando de lado piezas archimanidas, se saca de la manga un corto y precioso bis: el Altro, del Amusement pour violon seul op l8, de Louis-Gabriel Guillemain.

¡Cuánto se disfruta cuando, doblando una esquina, por casualidad, nos topamos con una pequeña joyita que no conocíamos! Faust toca con brío, con una alegría casi campesina, este pequeño fragmento que parece contener en sí toda la música popular y toda la música seria.

Habrá que escarbar más del lado de Guillemain, entre Leclair y el Chevalier de Saint-Georges ...

Y terminamos con más Mozart. Esta vez una sinfonía, la llamada Haffner, pues nació al parecer de la serenata que este rico hombre de negocios había encargado para los fastos de su ennoblecimiento.

Y en la interpretación de Roth-Les Siècles, todo parece sencillo y ágil: Roth no busca diferenciar sonoridades ni acelerar o ralentizar tiempos; las trompas naturales suenan con naturalidad, fundiéndose armónicamente con la masa orquestal al igual que las maderas; las cuerdas responden a la mínima indicación, cantan y juegan... (Perdonen ustedes, servidor de ustedes se está poniendo lírico, y no debería ser así. Pero es difícil no caer en la tentación). Y los da capo (¿da capi?: ya saben ustedes, esas repeticiones de motivo que hacen que los intérpretes vuelvan al inicio, a la cabeza, de la partitura) suenan siempre frescos, porque Roth sabe darles un nuevo matiz, y pone de relieve el sentido juguetón de Mozart, con un motivo que interrumpe al otro, con preguntas y respuestas, siempre con sorpresas ... Una gozada.

De nuevo bravos y aplausos entusiastas al acabar la sinfonía, para Les Siècles y para Roth. Aplausos que sólo se acaban porque el director da una rápida indicación al concertino y al salir aquel, todos los profesores empiezan a despedirse los unos de los otros y a salir también. Falto de intérpretes a quien aplaudir, el público cesa en sus aplausos y se vuelve tranquilamente a casa.

Servidor de ustedes corre a preguntar de quién eran esos preciosos bises que hemos escuchado. Isabelle Faust contesta con una gran sonrisa. Ella se queda para firmar discos. Y quien esto escribe se va a casa, que ya toca.

PS – Faust ha de interpretar el Concierto para violín de Ligeti en Valencia, no sé si también en otros lugares. Si pueden, no se lo pierdan. 

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