Un programa deliciosamente breve, sin intermedio; y, sin embargo, una gran falla separó las dos obras programadas. A un lado, uno de esos Copland tan solemnes y discursivos, tan políticos y tan funcionales como un marco labrado exhibiendo un diploma; de otro el Mahler ecléctico y audaz de la mitad de su veintena. El contraste era grande.
Euskadiko Orkestra conmemoraba el 75º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y eligió la obra de Copland. La primera grabación fijó un canon: Boston Symphony, Bernstein –a quien le encantaba ser protagonista en acontecimientos históricos– y Lawrence Olivier como narrador. Los tiempos han cambiado desde entonces, y la extraordinaria narración de Lawrence Olivier, empujado hacia el énfasis por Bernstein, sufre y delata el paso de los muchos años transcurridos. La narración de Mireia…
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