Quien caminó por la calles de Viena no puede dejar de recordarla cuando escucha una obra como la del bohemio Krommer. Sus páginas -y este concierto en particular- muestran oficio, inspiración, melodismo. El salteño Montero fue un solista de lujo. Su sonido aterciopelado, un adecuado toque cuasi romántico a pesar de la forma clásica de la obra, el magistral manejo de una variada gama de planos sonoros y una técnica que me hizo acordar a Stanley Drucker, legendario clarinetista de la filarmónica neoyorkina, fueron los aspectos fundamentales con las que el músico local revalidara sus reconocidas condiciones.Despues apareció esa rara avis que es el Concierto para tuba del inglés Vaugham Williams -la pieza es estreno absoluto en nuestro país- cuya producción se encaminó al rescate del folclore de su país. De orquestación más bien rústica,…
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