Niquet es un director importantísimo en el
panorama musical francés. Está siempre dispuesto a resucitar obras
olvidadas, colaborando con frecuencia con Bru-Zane, poniéndose a disposición de
obras y de autores que muchos otros desprecian porque es probable que nunca
vuelvan a trabajar las obras en cuestión. Y frecuentemente resulta un buen
director, solvente y entusiasta.
Desde estas páginas hemos tenido el placer de
alabar su participación en varias ocasiones. Sin embargo, a veces, por
desgracia, dirige sin compasión. Y tal fue el caso que nos ocupa, esta Iphigénie
en Tauride de Desmarest y Campra. Sin empatía por personajes ni situaciones
ni cantantes, mirando su partitura como el empleado de correos tampona las
cartas, cuanto más rápido vayamos antes habremos acabado.
Comentarios