Como suele ocurrir en la mayoría
de los teatros de ópera, es Händel el compositor barroco al que los
programadores suelen acudir para sus temporadas por el tirón que indudablemente
tiene el inmortal alemán. Y con esta Alcina, que se presentaba por
primera vez en el Maestranza, se puso de nuevo el contador a cero en Sevilla:
desde la estupenda Agrippina de 2020 no teníamos una producción barroca
con todos sus ingredientes.
La propuesta de Lotte de Beer,
como es costumbre en estos casos, fue actualizar la trama, y llevó la historia de
la heroína a un ambiente californiano de mitad del siglo pasado, con un cuidado
vestuario y la recreación de una típica casa de la Costa Pacífica. No hubo,
pues, fieras, aunque los hombres que deambulan por las estancias vestían
siempre prendas con detalles de animal print, y la cordialidad y la
opulencia se…
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