Pese a que se encontró de nuevo con uno de esos típicos guetos (reunión de nacionalismos y bobadas equivalentes), el público pudo disfrutar de un gran concierto en la temporada de la OSCyL, después de algunos programas aquí y allá en los que, por unas razones u otras, faltaran bolos para el strike (también ha habido dos o tres de gran calidad). Como es tradicional, el prodigio vino de la mano de Vasily Petrenko, un director que conoce perfectamente a la orquesta y, lo que es igual de importante, la acústica de la sala.
La primera obra, la orquestación de Francisco Coll de la Fantasía bética, de Manuel de Falla, llama inmediatamente la atención por la fuerte personalidad del trabajo. Coll aborda minuciosamente la partitura sin ningún complejo: no se limita a dejar una buena versión ejecutable, sino que propone una coautoría desde homenajes…
Comentarios