Imposible sustraerse a la fascinación de Fidelio. Las vicisitudes de su laboriosa composición, el empecinamiento de su autor en lograr la expresión plena y adecuada en su único trabajo para el teatro, las cualidades objetivas de la música por encima de las del libreto y de la factura dramática y la escritura vocal, le aseguran una permanencia en las programaciones que tiene que ver, además y por sobre todo, con los ideales de su autor y su incensante prédica -a través del arte, pero también de su vida- de la nobleza de nuestra especie y de los ideales de libertad y respeto del otro que siguen siendo una meta por alcanzar y algo por lo que vale la pena vivir, luchar y , si cabe, morir.Cuando Florestán desde su mazmorra monologa y dice que por haber cumplido con su deber -de lo que no se arrepiente- las cadenas han sido su recompensa, lo…
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