Empieza el concierto con una obra que servidor
de ustedes no conoce, Fantasía, septeto de Mel Bonis (1858-1937),
compuesta en 1906. A pesar de un cierto aroma 1900, la concepción está más
cercana a esquemas anteriores, a Saint-Saëns, por ejemplo, que, no lo
olvidemos, en 1906 era tal vez el autor vivo más prestigioso de la música
francesa. Pero a pesar de esa cierta tendencia un punto paseísta hay
imaginación en la forma de presentar y alternar temas. Y un innegable sentido
melódico que hace que la obra sea muy disfrutable. Si al principio el piano
parece tener un lugar demasiado central, la disposición instrumental poco a poco
se va equilibrando.
Se trata de una obra que nada tiene de
revolucionaria, cierto, pero que por su frescura bien merece ser escuchada con
más frecuencia. En cuanto a la interpretación, es agradable pero…
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