Variado e irregular concierto,
como viene siendo norma, de la OSCyL con su titular, Thierry Fischer, en el que
se apreció y mucho la dispar calidad entre las versiones del gran repertorio
sinfónico, normalmente ubicado en las segundas partes y por el que suizo siente
afinidad, y el resto.
Así, la primera parte fue
insatisfactoria por un par de motivos fundamentales, que tienen que ver con
director y orquesta el primero y con la soprano el segundo. Es evidente que hoy
muy pocas orquestas multirrepertorio saben adaptarse a Mozart, y por eso
habitualmente se programa poco y se toca regular o mal, no solo en España. La
obertura de La flauta mágica tuvo poca magia y más bien exceso de
superficialidad y trazo grueso. El trabajo en esta obra fue tosco y careció de
cualquier viso de teatralidad, muy necesario aunque en este caso se escuchara
como…
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