Diría que el programa de esta
noche ejemplifica como pocos las intenciones artísticas que pretende Baldur
Brönnimann para la Real Filharmonía de Galicia. Para empezar, el estreno
absoluto de una pieza firmada por una compositora vasca de veintisiete años,
encargo conjunto de la Real Filharmonía y de la Euskadiko Orkestra; después, el
concierto de un autor chino-estadounidense escrito para un instrumento de
origen milenario; y al final una obra bien conocida del siglo XX para cuya
interpretación es necesario el concurso de numerosos refuerzos en la orquesta
procedentes de la Escuela de Altos Estudios Musicales. Apuesta arriesgada, pero
con resultado global satisfactorio.
Fue la propia Itziar Viloria
quien presentó su trabajo al público, indicando que con Oihartzun gorriak (Ecos rojos) quiere reflejar la degradación de la
memoria de la…
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