¿El
mundo occidental ha cambiado? Bien puede ser que sí. Hace unas cuantas décadas
(tampoco tantas) era fundamental la distinción entre el Bien y el Mal. Hoy en
día, a pesar de algunas superproducciones Hollywood y de algunos productos
igualmente pueriles, las fronteras entre Uno y Otro parecen más difusas,
matizadas de relativismo, de doctrinas sociales, de mundialización...
Por
eso, al abordar en el siglo XXI el mito de Faust -que tan genialmente retomara
Goethe a finales del XVIII y que tan maravillosamente ilustraran, entre otros,
Bertin, Berlioz, Schumann, Gounod, Busoni o quien nos ocupa, Boito- es difícil que la cosa se
circunscriba a los conceptos de Bien y Mal, o a su correspondiente dicotomía
religiosa entre Dios y el Demonio.
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