Calixto Bieito, un director de escena siempre en constante
evolución y cambio, sigue reinventándose en su relación con el género
operístico. Es así que quienes hayan visto sus excesos juveniles en, por
ejemplo, Il Trovatore o el Rapto en el Serrallo, les
costaría reconocerlo en una sobria y perceptiva Katia
Kabanova que después de ser premiada en Praga viajó a la Semperoper en
la cercana Dresde.
Bieito acostumbra a ser extremo, y siempre va por la
yugular. En este caso algunos lamentaron que su excesiva conversión al
abstracto psicológico había privado a la obra de Janáček
del exacerbado apasionamiento de la mayoría de las producciones. Pero este no
es mi caso. Creo que esta regie, actuada contra el fondo de un claustrofóbico
cuadro escénico de muros de concreto, iluminó todos los personajes con una
psicología a la vez implacable y…
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