En esta nueva producción de Carmen para Glyndebourne, la directora de
escena Diane Paulus propone una protagonista contemporánea que comienza enfrentando
a los hombres con pantalones que muy bien no le quedan: jeans en el primer y tercer acto, y shorts y corpiño en el segundo.
En el cuarto se pone una falda negra bien finolis, gracias a lo cual finalmente
logra acercarse al evangelio feminista en un punto fundamental: si de encarar a
los machos se trata no es necesario portarse como ellos. Mejor hacerlo como
mujer hecha y derecha.
La proclamación final de su libertad, aún
frente a la muerte, fue cantada mirando al público como un palpitante desafío.
Pero el resto de esta regie, escenificada
con el fondo de un cuadro escénico contemporáneo, fue de movimiento más bien acartonado.
De cualquier manera, rescato el momento en que en lugar de…
Comentarios