Un DVD documental de hace algunos años
sobre la Novena de Beethoven muestra una pareja de sordomudos
experimentando la Oda a la Alegría en
el Palau de la Música a través de vibraciones, cuya energía al principio inquieta
a la chica. Él la aplaca con un sutil toque de manos. Y, junto a otros oyentes e
intérpretes similarmente minusválidos, ambos tratan de intuir lo que Beethoven
puede haber sentido cuando, ya totalmente sordo, pretendía acompañar al
director de orquesta marcando tiempos y ojeando la partitura en el estreno
vienés de la obra en 1824.
Este Fidelio presentado en Los Ángeles, Barcelona, París y finalmente
Londres también quiere evocar la heroica minusvalía beethoveniana como una fuente
de inspiración para los artistas y los espectadores que no pueden oír. También hacia
ellos debe navegar el arte de Orfeo a través de un Estigia…
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