Si el día anterior [leer reseña] se había
estrenado Limen-Samìa-Limen, dedicado a Samia Yusuf Omar, una atleta olímpica muerta con otros migrantes
en el mar Mediterráneo, el 8 de julio le tocó el turno a Non dirmi che hai paura, un musical sobre
esta misma figura.
A Samia Yusuf Omar muchos la vimos como
símbolo de determinación y esperanza. A los diecisiete años, esta somalí
endémicamente malnutrida salió última en la carrera de doscientos metros de las
Olimpíadas de Beijing de 2008. “Sabemos que somos diferentes a otros
atletas … pero hacemos todo lo que podemos” declaró Samia ante el inesperado
interés de los periodistas que se interesaron por su historia. “… no estamos ni
de lejos al nivel de otros competidores”, continuó, “pero por encima de todo queremos
testimoniar nuestra dignidad y la dignidad de nuestro país”.
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