Todo el mundo conoce al grandísimo director que fue Wilhelm Furtwängler, y tal vez ésa sea una de las razones por las que su faceta de compositor siempre quedó en la sombra. Sin embargo, el motivo último para ese olvido ha de hallarse –al menos en lo que se refiere a su Segunda sinfonía (1944-1945)- en el enorme peso de la tradición sinfónica alemana, que tanto y tan bien sirvió Furtwängler.La Sinfonía en mi menor es fiel continuadora de esa tradición que nace, a estos efectos, en Beethoven, pasa por Brahms, Bruckner y Wagner, y acaba en Richard Strauss: en sus más de ochenta minutos de duración, y con el efectivo orquestal romántico (sin más percusión que los timbales y con un moderado uso del arpa) Furtwängler elabora un primer movimiento expansivo, que fondea en las aguas seguras del puerto brahmsiano de las Variaciones Haydn en lo…
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