En esta audaz nueva producción de Yevgeni Onegin los caracteres
principales vagan por una escena vacía, encerrada en una enorme caja negra y
solo aliviada en su abstracción por alguna que otra silla, una mesa larga y
angosta contra el fondo durante la escena del cumpleaños de Tatiana y otras dos
parecidas que cortan el espacio perpendicularmente durante el baile en San
Petesburgo. Y nada, pero nada más, ¡pero qué intensidad de dinamismo el del
movimiento de un coro de comparsas y ballet en vestidos en estilos diferentes,
como si hubieran tomado del guardarropa del teatro lo que pensaban que más
convenía a sus personajes!
Durante el intervalo algunos me
preguntaron en que época transcurría la acción. Mi respuesta es que la pregunta
era errada, porque en este tipo de abstracciones escénicas, la acción 'no tiene época'. No puede tenerla…
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