Cuando se escucha Le domino noir, uno
se pregunta por qué esta obra no se representa de forma habitual en todas las
casas de ópera del mundo. No sólo se trata de sus deliciosas melodías, sino
también de la inventiva musical de Auber, de su gran oficio, de su sutil
orquestación o de la imaginación con que resuelve los distintos números.
Por supuesto, Auber era un músico de su tiempo
que escribía para el público de su tiempo, no estamos ante un visionario, y
aquí y allá se notan influencias de Rossini, Bellini, Meyerbeer o Boieldieu.
Pero son sólo momentos puntuales. Y bien podría decirse que con Le domino
noir, Auber está inventando un sub-género que no dejará de florecer durante
todo el siglo XIX: la españolada. Cierto, otras obras anteriores, no
sólo francesas, estaban localizadas en España (Bodas de Fígaro, Barbero
de Sevilla, Fidelio,…
Comentarios