Mientras escuchaba a Sokolov en concierto la pasada semana, me preguntaba qué le faltaba para ser el pianista perfecto y, sinceramente, no se me ocurría nada. Tiene técnica -pocos pianistas actuales se le pueden comparar- tiene musicalidad, su fraseo es espectacular, su uso del pedal modélico, pero sobre todo tiene algo que decir y lo hace. Sus interpretaciones siempre son tremendamente serias, meditadas, generosas, sinceras, personales.Incluso el que suele ser considerado su mayor defecto, su timidez, la falta de comunicación con el público, es más aparente que real: Sokolov siempre graba sus discos en directo porque sólo con público se siente a gusto. Y el público en el fondo lo sabe y en sus recitales se crea por momentos ese clima casi ideal que tan raro es en una sala de conciertos: nadie se mueve, nadie tose, todo el mundo está…
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