Muy exactamente a doce años de la última vez, volví a ver en el Liceu esta ópera de Verdi que pocos nombran sin santiguarse, pero muchos amamos, algunos detestan y a otros les causa perplejidad. No voy a enumerar argumentos a favor y en contra. Sólo diré que hay otros libretos en el propio Verdi (y no digamos en otros autores, no sólo italianos), que son inferiores y/o más ridículos que éste, y que de todos modos si hay pecado está en el original.
Aunque espero verla muy pronto en otro sitio, considerando la ‘frecuencia’, en este Gran Teatre la he visto por última vez. Debería alegrarme de haber tenido la oportunidad de verla dos veces porque, como en 2012, había dos repartos, pero no sólo entonces el segundo resultó muy superior al de esta ocasión, sino que en general los grandes teatros (Met, Londres, París, Milán, Viena, Múnich..)…
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