Cuando
uno lee los programas de hace cien años o más, da la impresión de
que en aquella época los conciertos eran como banquetes de boda, con
obras y más obras. Hoy en día parece que tendamos a mucha más
sobriedad, y que la tendencia sea en efecto a hacer conciertos cada
vez más cortos. Por tanto, en tiempos de cierta tacañería
concertística,
en que suele bastar con una sola obra que pase de sesenta minutos
para considerar que con eso se completa un programa, no podemos sino
considerarnos bien
servidos
cuando, además de la Quinta
de
Mahler la Casa de la Radio francesa nos propone un señor concierto
como es el Tercero
para piano
de Prokofiev.
Dirige
el joven Tarmo Peltokoski, cuyo trabajo hemos tenido ya ocasión de
elogiar en esta misma página. Muy pendiente del pianista, atento a
que la orquesta no sobrepase en volumen, atento a la…
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