No es frecuente -solo Orfeo ed Euridice hasta ahora y en versión de concierto- que se presente Gluck escenificado por estas latitudes, por lo que supuso una grata sorpresa la programación de su penúltima ópera. Inteligentemente, se contó con un elenco que, en su mayoría, ya había brillado antes en el Maestranza, y su desempeño fue, de nuevo, digno de elogio.
Comenzando por la protagonista, Raffaella Lupinacci, mezzo lírica que firmó una espléndida Adalgisa la pasada temporada. La suya, y teniendo en cuenta la propuesta escénica, es una Ifigenia menos mitológica y más humana y frágil. Con su cálido timbre, su extensión -cómoda en el registro agudo- y un fraseo muy cuidado en los recitativos, transitó por los estados de ánimo de la protagonista de manera impecable. No hay duda de que fue la más redonda recreación de la noche, y, consciente…
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