La ilusión con la que acudí a
escuchar el Concierto n.º 2 para piano de Chaikovski, una obra que jamás
había experimentado en directo, se vio sorprendentemente superada por la
interpretación que Martín André y la Orquesta Sinfónica de Porto Casa da Música
hicieron de la Sinfonía n.º 4 de Luís de Freitas Branco, un compositor
del que yo escuché algunas obras hace más de 20 años y que no se había vuelto a
aparecer en mi devenir discográfico (en directo es difícil que sus obras se
programen en España).
La verdad es que esta sinfonía,
terminada en 1952, es un despreocupado ejercicio de manejo de referencias: en
los dos primeros movimientos Ravel y Stravinski parecen haberse reencontrado 40
años después de la Consagración y ser los mejores amigos del mundo. En
los dos últimos se unen a la fiesta algunos rusos y también alemanes, y siempre
en…
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