Reportajes

El Introito y el Kyrie del Requiem de Mozart. El testamento de un genio.

José Manuel Baena

La facilidad pasmosa con la que Mozart componía desde los cinco años no se mantuvo en su última obra. En agosto de 1791 le bastan 15 dias para componer el Tito, y, sin embargo, en cinco meses no puede acabar una misa. En realidad, como ha demostrado Landon, desde que recibió el encargo en junio de 1791 hasta su muerte el 5 de diciembre no trabajó en el requiem más de 33 dias en los que escribió 99 hojas.Tres hojas por día sigue siendo muy poco para este hombre, tanto por su capacidad de trabajo como por su fluidez en la escritura. Entonces, ¿qué retenía su imaginación?, ¿le tenía miedo tal vez? ¿le obsesionaba?: La idea de la muerte le fascinaba y le asustaba a la vez. Así lo ha querído ver la leyenda romántica pero no parece que esta sea la causa. ¿Acaso es que no le pagaban? Con puntualidad y más de lo que pidió. ¿Reacción hostil…

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