Voces rusas se desprenden como racimos del cielo. El bajo estalla en fervor, incrustando su corazón en la estepa. La atmósfera se inunda de cosacos, sables y caballos que agitan ululantes la desesperación en el campo de batalla. En su épica soledad, Stenka Razin sacude la heroicidad de sus manos y se la entrega a la muerte. Por los miopes ojos de Dimitri Shostakovich escapan lágrimas hasta nublar los anteojos, mientras los aplausos se ponen de pie en las butacas.Ahora es 25 de septiembre de 1906, en San Petersburgo. El vodka recorre la feliz garganta de Dmitri Boleslavovich porque un varón acaba de nacer. A los pocos días, cuando su mujer Sofía Vassilievna pueda sentarse al piano, despertarán en el aire arias de Chaikovsky para que el pequeño Dimitri vaya dibujando pentagramas en sus sueños. En adelante, será Mitya y devorará las…
Comentarios