Las cosas no me soportan. No puedo recordar cuando discutimos ni tampoco el por qué, pero el hecho es que desde que tengo uso de razón se me descomponen o extravían casi todos los objetos con los que uso la vida. Mis gafas se han suicidado ya tres veces y estoy seguro de que no le caigo bien a ningún periódico, ni tan siquiera a los de izquierdas, porque se descompaginan nada más abrirlos. Es más, el coche me rehuye cada vez que lo busco en la calle donde creía haberlo aparcado, y hasta los lápices me fastidian escondiéndose cuando más los necesito. Ahora mismo, mis dedos sienten cierta inquietud en el que uso para escribir este discurso, preparándose para desaparecer a la mínima que me descuide.Fue esta conspiración del mundo material contra mi persona uno de los motivos que me impulsaron a abrazar la fe en el más bello de los…
Comentarios