Theodora, el
penúltimo oratorio de Haendel, suscita opiniones contrastadas. Algunos lo
consideran una de sus obras maestras, a otros les aburre más que una fiesta de
cumpleaños en casa de la familia politica. Cierto es que su libreto peca de
falta de acción: la amenaza que pesa sobre la cristiana Teodora es conocida
desde la mitad de la primera parte y hasta el final de la segunda nada sucede,
y la tercera es toda un sí pero no, que te mato pero te mato. Y si el inicio,
con los cantos de alegría de los paganos, rezuma energía, pronto todo se torna
en reflexiones y alabanzas sobre la santidad de la santa y sus santos
seguidores ...
Pero al mismo tiempo, quizá fuera ese libreto
tan lírico, tan poco centrado en la acción, el que permitió que Haendel
escribiera algunas de las arias más sentidas y más hondas de toda su producción
... ¿Algo así…
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