La corta vida de este vienés (1858-1884) tiene todos los ingredientes para hacer de Hans Rott un nuevo mito romántico: compañero de fatigas de Gustav Mahler, quien sentía gran admiración por él; alumno predilecto de Bruckner en las clases de órgano del conservatorio, igualmente para orgullo de su maestro; menospreciado por Brahms y por Hans Richter, si hemos de hacer caso a las notas de la carpetilla del disco; sus obras jamás conocieron ejecución pública en vida del autor -la Sinfonía en mi mayor, que aquí se comenta, fue estrenada el 4 de marzo de ¡1989! por la Orquesta de Cincinatti-; por fin, Rott permaneció sus cuatro últimos años de vida recluído en un establecimiento psiquiátrico a causa de tremendas alucinaciones paranoicas, para que la tuberculosis acabara fulminantemente con él.La verdad es que cuesta desembarazarse de tales…
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