Es buena idea editar en un álbum los cuatro conciertos de Brahms, como presentación unitaria de estas cuatro cumbres del género. Sobre todo si en el cartel se leen los nombres de Brendel, Szeryng, Starker, Haitink y la Orquesta del Concertgebouw. Sin embargo, la escucha de estos tres discos produce una cierta impresión contradictoria, pues algunas de las interpretaciones convencen plenamente y, sin embargo, otras -lamentablemente, la mayoría- lo hacen bastante menos.En progresión ascendente, hay que comenzar por los conciertos para piano: en el primero de ellos -única de las obras dirigidas en este álbum por Hans Schmidt-Isserstedt-, el arranque pone ya de manifiesto lo que será la tónica de la ejecución: noble pero suave, enfatizando el lado lírico del concierto. No le falta impulso, pero está muy lejos de la garra que han sabido dar…
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