Los nombres dan pistas sobre la manera de ganarnos la vida. A veces, incluso, de una manera tan grotesca que sus dueños no dudan en rechazarlos como destino. Por ejemplo, no conozco a ningún Zapatero que se dedique al artesanal oficio que su nombre promete. Casi a diario, a las páginas de los periódicos se asoma alguien llamado así que desea remendar y lustrar este país, pero no es lo mismo. Además, lo tiene difícil porque sólo un poeta puede convertir su apellido en una metáfora. O un músico.Así, juntando las iniciales del nombre y apellidos de Antoni Ros Marbà resulta una palabra inglesa con la que el director catalán, consciente de que ha determinado su carrera profesional, firma el material de orquesta de su propiedad, arm: brazo. No se extrañen de que sea en el idioma del imperio. Ahora mismo, un arbusto, bush en inglés, está…
Comentarios