Decía Hans Knappertsbusch que, después de dirigir Parsifal, lo que más le apetecía era Die lustigen Weiber von Windsor de Nicolai. Así, después del éxtasis de la Novena de Beethoven en la Isarphilharmonie, tuve la agradable oportunidad de asistir al Concierto de Año nuevo en el Prinzregententheater; esta vez, con los Münchner Symphoniker. Y con el busto de “Hans el rubio” presidiendo el foyer; al lado del de el otro Hans, su amigo Pfitzner.
El concierto tuvo todo lo que uno podría esperar: valses, cuadrillas y polcas, música alegre, dulces melodías, ritmos pegadizos y, por encima de todo, joie de vivre. Las propinas, previsibles también: El bello Danubio azul de Johann hijo y la Marcha Radetzki de Johann padre. Tampoco faltaron los recursos típicos, como los relinchos de caballo en la polca Jokey y el silbato en el vals Auf der Rodelbahn.…
Comentarios