Cuando escucho Iberia de Albeniz tiendo a impacientarme con esos dos lugares tan comunes como mal usados que apostrofan la obra como “nacionalista” e “impresionista.” En relación a lo primero, porque los títulos telúricos de cada movimiento me resbalan como de importancia relativa frente a la magnitud de la obra. Es como insistir demasiado en lo español que es Goya. Ciertamente, muchos ibéricos sentirán algo parecido a lo que les pasa a los feligreses luteranos alemanes con las cantatas de Bach porque hay en Iberia fandango, zapateado, polo y bulerías. Pero ¿a qué lector se la ocurre pensar en el barrio de Lavapiés cuando el allegretto de este nombre comienza a atomizarse en una miríada de notas a través de indicaciones como “brutal”? ¿No es mejor olvidarse de España para poder apreciar mejor su riqueza tímbrica y su variedad rítmica y…
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