Cuando yo era adolescente, Placido Domingo sacó un disco de rancheras. He de confesar que el disco no me interesó en su día (en aquella época mis comentarios eran más violentos) y sigue sin interesarme. Al poco Barenboim sacó un disco de tangos, él al piano y al bandoneón y al contrabajo otros dos magníficos compinches, Rodolfo Mederos y Héctor Console respectivamente. Este disco sí me hizo disfrutar muchísimo.
¿Por qué? Desde luego, gustos y colores (eso ante todo). Pero también un cierto sentido de la autenticidad. El disco de Domingo me parecía adaptarlo todo a la voz del divo con fórmulas mil veces repetidas, más atentas a vender como sea que a buscar una cierta verdad de la ranchera. En el caso de Barenboim, sin embargo, había un respeto al tango (y sus adlateres), una mezcla entre tradición tanguera y tradición de la música…
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