Estudios fonográficos

¿Quién recuerda a Willi Boskovsky?

Andreu Ripol
Mozart Complete Dances & Marches. Willi Boskovsky Mozart Complete Dances & Marches. Willi Boskovsky © 1964 by Decca
0,0004172

Ante todo, no quisiera que el interrogante que sirve de título a este modesto artículo pueda ser interpretado en clave irónica o negativa, como si tratara de afirmar veladamente que el protagonista de estas líneas es un personaje olvidado y desconocido en la actualidad, pues si esta hubiera sido mi intención, hubiese utilizado la forma verbal más rígida y directa “¿Quién se acuerda de?” en lugar de evocar el siempre poético recuerdo. 

Precisamente estoy convencido de que se recuerda muy bien la figura de Willi Boskovsky, y creo que no me resultaría demasiado difícil identificar el perfil de las personas que lo guardamos más firmemente en nuestra memoria. La mayoría de nosotros (me incluyo entre quienes mantenemos esta particular “memoria histórica”) poseemos ya una edad respetable, e identificamos a este músico vienés con los famosos conciertos de Año Nuevo de los años sesenta y setenta, cuando este peculiar acontecimiento, ya muy conocido, no había adquirido, sin embargo, el impacto mediático que alcanzó más tarde y que lo transformó en una pugna casi despiadada entre directores de orquesta y cadenas de televisión.

La figura de Herr Boskovsky, con su aspecto risueño, entrañable, campechano, casi me atrevería a decir, de simpático borrachín, nos acompañó durante un cuarto de siglo, cada inicio de año, actuando como bálsamo confortador para los excesos de cava y turrones de la noche anterior. Boskovsky fue director titular de los conciertos de Año Nuevo, al frente de la Orquesta Filarmónica de Viena, entre 1955 y 1979, pero no fue, como creen algunos, el fundador de este evento, sino que sustituyó al auténtico fundador y primer director, el inolvidable Clemens Krauss

Nuestro hombre ya había sido partícipe en las primeras retransmisiones del famoso concierto, como primer violín de la orquesta, y tomó el mando de la misma justo después del fallecimiento de Krauss, acaecido en 1954. Se mantuvo al frente del evento hasta que anunció su jubilación en el año indicado anteriormente. Se inició entonces una etapa que comenzó brevemente con Lorin Maazel para enseguida desencadenar el carrusel de directores famosos que, después de cuatro décadas, sigue girando a todo trapo hoy en día.

Como vienés de pura cepa que era, nuestro Willi adoraba la música de la familia Strauss. Pocos directores recuerdo haber visto dirigir los valses y polcas con el entusiasmo y la vitalidad con que lo hacía Boskovsky cada primero de año. Un entusiasmo que se respiraba, se mostraba auténtico, de verdad, salido del alma. Parecía un niño pequeño Her Willi disfrutando con su juguete favorito cada vez que iluminaba el escenario del Musikverein con el Danubio Azul y hacía seguir con las palmas al público la interpretación de la Marcha Radetzky, cuyo sagrado protagonismo al final de cada edición del concierto se debe al luminoso y lúdico espíritu de nuestro hombre. 

Pero el universo musical de Willi Boskovsky no se ciñó únicamente a las piezas de baile y ceremonia de los Strauss. Ante todo, Herr Willi fue un violinista excepcional, concertino de La Filarmónica de Viena durante muchos años, y también un inquieto intérprete y divulgador de la música de cámara. En esta línea, fundó diversos grupos, como el Octeto de Viena y el Cuarteto Filarmónico de Viena, con quienes realizó grabaciones inolvidables, entre las que se puede incluir el Septimino o las Romanzas de Beethoven, o sus incursiones en el universo schubertiano, donde cabe destacar excelentes lecturas del Octeto D. 803 y de los últimos cuartetos, en especial del Cuarteto D. 810 “La Muerte y la Doncella”. Al frente del Coro de la Radio de Leipzig y de la Orquesta del Staatskapelle de Dresde, le debemos una histórica interpretación de la versión íntegra de la música incidental de Rosamunda con la soprano Ileana Cotrubas.

Otra faceta indiscutible de este vienés de pura cepa (y esto es precisamente lo que más quiero remarcar en este artículo) fue la mozartiana. Herr Willi amaba la música del genio de Salzburgo, al menos con la misma pasión que la de la familia Strauss. Pero Boskovsky idolatraba a Mozart de un modo muy suyo, muy especial. Jamás buscó dejar para la historia interpretaciones sublimes de las grandes sinfonías y óperas mozartianas, pues para esto, ya estaban Karl Böhm, Josef Krips, Ferenc Fricsay o Herbert von Karajan

Siguiendo su olfato de investigador y divulgador, y también, por qué no decirlo, dejándose llevar por el ritmo de sus pies, tan acostumbrados a moverse al son de las piezas bailables de la Viena Imperial, Boskovsky se lanzó a la busca y captura de la música mozartiana, quizás la más convencional artísticamente y la menos convencional en la confección de la celebridad de su autor. Una música espontánea, desenfadada, a su gusto, en su salsa. Así pues, durante la década de los sesenta, el director se comprometió a salvar del olvido la gran cantidad de obras de circunstancias que el genio salzburgués escribió para innumerables encargos de la nobleza y del clero de su ciudad. Una gran cantidad de música que, seamos conscientes, en aquella época, hace seis décadas, se conocía de mala manera y no se valoraba en su justa medida. Es cierto que las grandes serenatas y divertimentos circulaban con asiduidad por las salas de conciertos y poseían una cierta presencia discográfica, pero estamos hablando de la eternamente archi-famosa Pequeña Música Nocturna K. 525, la Serenata Haffner K. 250, el Divertimento K. 334 (con su popular menuetto) y no mucho más.

Nuestro hombre removió docenas de partituras, desempolvó aquellas serenatas, divertimentos y casaciones que reposaban en los laureles del olvido, y se lanzó a la interpretación y divulgación de dichas obras. Para ello fundó una orquesta de cámara muy especial, el Wiener Mozart-Ensemble, conjunto formado en su mayoría por compañeros y ex-compañeros suyos de la Orquesta Filarmónica de Viena y, no satisfecho con su contribución en el mundo de las serenatas y divertimentos, emprendió una segunda tarea, aún más encomiable, si cabe, que fue la de grabar el integral de danzas y marchas, piezas pequeñas, algunas casi diminutas, puramente circunstanciales o meros ejercicios de estudio, que Mozart fue componiendo a lo largo del tiempo, desde su época de niño prodigio, hasta prácticamente los últimos meses de su corta vida. Muchas de estas piezas se encontraban dispersas, escondidas, fuera del interés general, otras no reflejaban claramente su autoría, si se trataba de copias de otros autores, copias de copias… en fin, se erigía frente a nuestro director un auténtico cajón de sastre que necesitaba la mano de un artesano magistral para adquirir forma y sentido.*

Y he ahí la gran labor de Willi Boskovsky. Al frente de su Wiener Mozart-Ensemble, y siempre dirigiendo desde el atril de primer violín, el maestro puso en marcha y logró completar una buena decena de discos (gracias al contrato que le unía con el sello Decca) con todas estas piezas características: danzas, contradanzas, colecciones de menuettos, que, además de satisfacer el encargo de turno, servían al compositor como banco de pruebas y ensayos para otras obras de mayor envergadura. Ahí andan todo tipo de colaboraciones y “préstamos” musicales de amigos y familiares, como de su padre, Leopold, o de Michael Haydn, hermano del gran Franz Joseph, cuya música era muy apreciada por Mozart, y en medio de todo este jaleo, el oyente puede descubrir pequeñas maravillas, como la potente contradanza “La Bataille”, o la basada en la famosa aria “Non piu andrai” de Las Bodas de Fígaro; las colecciones de danzas alemanas K. 602 y 605, ambas espléndidas, o los minuettos K. 61, primeras obras de este género compuestas por un Mozart de trece años. 

También se puede disfrutar de obras “mayores” dentro del género, como la música de ballet Les Petits Riens o la de la ópera Idomeneo. En fin, ahí está, ante nosotros, todo un microcosmos musical que parece hecho a la medida de este vienés de pura cepa que fue Willi Boskovsky, a quien, los que tenemos ya una cierta edad, recordamos más por su aspecto cordial y entrañable, casi de simpático borrachín, vinculado a los valses de Strauss, que por su talla de director e investigador musical de primera línea en la música de Mozart. Por eso me ha parecido interesante recordar la vertiente netamente mozartiana de la personalidad musical de nuestro músico.

Notas

La colección de Danzas y Marchas de Mozart interpretadas por el Conjunto Mozart de Viena dirigido por Willi Boskovsky, editada originalmente en 10 lps separados del sello Decca, tuvo varias reediciones en cd, entre ellas, un álbum de 6 cds que formó parte de la integral de la obra de Mozart que editó el sello Philips en 1991 (bicentenario de la muerte del compositor) como Vol. 6 de dicha integral.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.
🎂 Mundoclasico.com cumple 30 años el 1 de mayo de 2026

Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.

Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.

🙌 Registrarse ahora