Francia

A pesar de todo

Francisco Leonarte
Massenet, Werther. Puesta de Huffman
Massenet, Werther. Puesta de Huffman © 2026 by Jean-Louis Fernandez
París, jueves, 29 de enero de 2026.
Théâtre National de l'Opéra-Comique. Werther, drame lyrique en quatre actes et cinq tableaux. Música de Jules Massenet. Libreto de Edouard Blau, Paul Millet y Georges Hartmann a partir del relato de W. Goethe. Puesta en escena y escenografía, Ted Huffman. Trajes de Astrid Klein. Luces, Bertrand Couderc. Con Pene Pati (Werther), Adèle Charvet (Charlotte), John Chest (Albert), Julie Roset (Sophie), Christian Immler (le bailly), Jean-Christophe Lanièce (Johann), Carl Ghazarossian (Schmidt), Paul-Louis Barlet (Brühlmann), Flore Royer (Kätchen). Maïtrise Populaire de l'Opéra-Comique. Orchestre Pygmalion. Dirección musical, Raphaël Pichon.
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Desde la llegada a la Opera-Comique de su actual director, Louis Langrée, el espíritu de la casa ha cambiado. Si antes lo que importaba era rescatar el riquísimo patrimonio musical francés (y las excelentes relaciones de la Opera-Comique con su público permitían que la sala estuviese siempre llena o casi), hoy la dirección parece más interesada en proponer títulos que no necesitan rescate ninguno (pues ya son suficientemente representados en otras casa de ópera en el extranjero y en Francia), reduciendo el número de obras programadas y llamando a nombres conocidos, de esos que desfilan por todas las casas de ópera del circuito 1.

Ya tuvimos esta temporada un innecesario Contes d'Hoffmann (tanto más innecesario cuanto la puesta en escena echaba por tierra toda posibilidad de disfrute) con Michael Spyres. Tocaba ahora Werther, con Pene Pati como tenor-reclamo y puesta en escena de Ted Huffman. Y como, para colmo de males, la anterior temporada hubo ya un celebradísimo Werther en el Théâtre des Champs-Élysées con Benjamin Bernheim y Marina Viotti, ambos olímpicamente en forma, y que además el trabajo orquestal de Leroy-Calatayud al frente de Les Siècles y la puesta en escena de Christof Loy en aquellas representaciones fueron saludados por crítica y público (cosa que no ocurre todos los días), la comparación, odiosa como de costumbre, se imponía. Y no resulta favorable al Teatro de la Opera-Comique.

Empecemos por el tenor. Pene Pati es sin duda un valiosísimo tenor. Máxime tratándose de ópera francesa. Su fraseo, su buen francés, su bonito timbre, su facilidad de emisión, su inteligencia teatro-musical, y un enorme carisma (tal vez de los cantantes que más carisma poseen en la actualidad), le han granjeado el aprecio de los públicos de todo el mundo. En estos momentos pasa un pequeño bache (cosa que le puede ocurrir a los mejores cantantes), con unos agudos lanzados con valentía pero que sostiene con dificultad, y una energía a medio gas que no le permite abordar con opulencia un rol más pesado de lo que parece 2. Mejor sería que se tomase unas merecidísimas vacaciones para volver a los escenarios tan brillante como siempre. O sea que el tenor-reclamo no funciona.

Massenet, Werther. Dirección musical, Raphaël Pichon. Puesta en escena, Ted Huffman. París, Théâtre National de l'Opéra-Comique, enero de 2026. © 2026 by Jean-Louis Fernandez.Massenet, Werther. Dirección musical, Raphaël Pichon. Puesta en escena, Ted Huffman. París, Théâtre National de l'Opéra-Comique, enero de 2026. © 2026 by Jean-Louis Fernandez.

Adèle Charvet como Charlotte está haciendo una bonita carrera. Buen francés también (tal vez un punto menos inteligible que el de Pati a pesar de ser ella la francesa), buen volumen, inteligencia teatral y musical como su compañero de reparto, arte del canto, pero tal vez un punto ligera en determinadas frases. Sin duda será una gran Charlotte ... dentro de cinco años. Hoy por hoy es una Charlotte notable.

Julie Roset, como la ingenua Sophie, cumple con creces. Timbre cristalino, gran facilidad de emisión, alguna que otra coquetería lanzando con seguridad agudos no previstos en la versión oficial, bonita composición de su personaje... Roset se metió al público en el bolsillo.

Muy notable también el trabajo del joven John Chest como Albert. Emisión muy segura, timbre relativamente oscuro para su edad, buen manejo de la frase musical, dicción impecable, y seguridad escénica.

Notabilísimo Christian Immler como el Bailly (lo que hoy sería el alcalde, el bayle), con una preciosa voz, un francés impecable perfectamente inteligible, emisión segurísima, actuación perfectamente creíble: todo un lujo para este pequeño papel.

Carl Ghazarossian y Jean-Christophe Lanièce como Schmidt y Johann respectivamente estarían muy bien si la orquesta no los maltratase con un volumen exagerado durante sus intervenciones. Cumplen en sus pequeños papeles Paul-Louis Barlet y Flore Roye como Brühlmann y Kätchen.

El coro de niños formado por miembros de la Escolanía Popular de la Opera-Comique (vamos, el coro de niños de la casa) reforzados en bambalinas por todos sus compañeros cuando es posible y es menester, suenan muy bien, compactos, timbrados, con matices, y actúan con muchísima naturalidad.

Massenet, Werther. Dirección musical, Raphaël Pichon. Puesta en escena, Ted Huffman. París, Théâtre National de l'Opéra-Comique, enero de 2026. © 2026 by Jean-Louis Fernandez.Massenet, Werther. Dirección musical, Raphaël Pichon. Puesta en escena, Ted Huffman. París, Théâtre National de l'Opéra-Comique, enero de 2026. © 2026 by Jean-Louis Fernandez.

La orquesta Pygmalion, dirigida por su fundador, Raphaël Pichon, suena también bien. Es lástima que Pichon no la retenga más a menudo para que no avasalle en determinados momentos a los cantantes, en particular en las escenas de conjunto, con niños, invitados, otros miembros de la familia... Estas escenas de ambiente han de ser tratadas con mucho mimo para poder extraerles todo el sentido del humor y todo el encanto y que no se conviertan en meras escenas de transición. No basta con lanzar la orquesta para que aquello suene alegre.

Hay que señalar no obstante una mejora, en este sentido, entre la representación del 21 de enero (segunda de la tanda) y la del 29 de enero (última), con mayor inteligibilidad y más armónico equilibrio de fuerzas en la última. Y desde luego no se le puede negar implicación a Pichon. Señalemos así mismo el muy buen nivel de los solistas al violonchelo, violín (concertino que toca todo el concierto de pie) y arpa, capaces todos de dar emoción y matices.

En cuanto a la puesta en escena, se confirma que Ted Huffman es uno de los (pocos) directores de escena coherentes en el panorama operístico actual. Dentro de su sobriedad escenográfica (se encarga él también de los decorados y sólo pone lo indispensable … pero lo pone); con un espíritu de compañía en escena (son los propios cantantes quienes se encargan de cambiar puntualmente los elementos escénicos); con una estupenda dirección de actores (magníficos los silencios y miradas de Charlotte, Albert, Werther o Sophie); siguiendo la historia que tanto la música como el libreto cuentan (¡Gracias por no querer contarnos una historia paralela como tantos mequetrefes hacen!); sin siquiera añadir memeces en el preludio (¡Gracias por dejarnos escuchar la música sin intentar imponernos imágenes!); con unos trajes atemporales (la historia puede tener lugar tanto en los años cuarenta como ahora mismo) de Astrid Klein; unas luces inteligentes y sutiles de Bertrand Couderc; con movimientos escénicos bien pensados, coherentes, dinámicos pero nunca frenéticos...

El resultado es que los cantantes-actores se sienten cómodos (y eso se nota) y el espectador está concentrado en la música, los personajes y la historia. Hay mucha emoción. Bravo señor Huffman.

Como consecuencia de todo lo dicho, el público sigue paso a paso la intriga, vibra con la música, y ovaciona a los intérpretes al terminar cada representación. Porque, a pesar de que hubiéramos preferido fuera otra la obra de Massenet programada, a pesar del delicado estado vocal del tenor, la dirección de escena era inteligente, los intérpretes se mostraron entregados y la música de Massenet sigue siendo hermosísima. Así que sí, todos disfrutamos.

Pero todos esperamos también que Pati sea capaz de decir «no» a su agente y se tome las vacaciones que todos sabemos que necesita. Y que el año que viene Langrée programme títulos más excitantes que otra vez Carmen, Manon, Werther o Cuentos de Hoffmann ... 

Notas

1. El hecho de que algunas de las obras programadas esta temporada fueran estrenadas en la Opera-Cómica no legitima suficientemente, a nuestro entender, el que se retomen en detrimento de otras que también fueron estrenadas en la misma sala y que hoy ya no gozan de la misma difusión. Máxime cuando algunas obras en la programación de este año pertenecen por derecho propio al repertorio de la ópera (Iphigénie en Tauride, por ejemplo, que nada tiene ni tuvo nunca de ópera-cómica).

2. Dicho lo cual, no podemos menos que alabar la valentía de Pene Pati en la última representación de esta tanda. Ese 29-I-26, a cada ocasión en que el agudo se presentaba, aún a sabiendas de que iba a ser muy irregular, Pati lo lanzaba con toda la convicción posible y lo sostenía como podía, a trancas y a barrancas. Ese empeño casi desesperado, hizo de la representación citada un momento emocionante en que el intérprete luchaba con denuedo contra sus propias limitaciones. Momento pues de gran emoción que sin embargo esperamos no volver a escuchar, al menos en mucho tiempo, porque para la voz del interesado lo que hace falta ahora no es sostener combates titánicos y fatalmente perdidos, sino descansar para recuperar la salud vocal en mal estado y volvernos a emocionar con la nitidez y redondez de sus agudos.

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