A veces en el mundo sinfónico hay obras magnas que solas llenan todo un concierto. En los tiempos del Barroco o del Romanticismo no había la prisa actual y un solo discurso o línea estética podía durar mucho tiempo, recrearse y dar todos los circunloquios que hicieran falta. En los tiempos que vivimos esto parece casi impensable, todo se quema muy rápido, hace falta ir al grano, y buscar cuántos más cambios mejor, como si tuviéramos una voracidad insaciable.El concierto del último fin de semana de la ’OBC eran dos concierto en uno, como mínimo, que hubieran podido desarrollarse por separado. No sé la proporción de público que prefiere estéticas monográficas respecto a los que prefieren la máxima variedad, pero yo, en principio, me decanto por los primeros; y si tengo un programa coral con Stravinsky, me gustaría seguir o dentro del mundo…
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