Reino Unido

Así da gusto

Maruxa Baliñas
Seong-Jin Cho
Seong-Jin Cho © Fundación Scherzo
Londres, domingo, 15 de febrero de 2026.
Barbican Center. Igor Stravinsky, Divertimento de ‘El beso del hada’ (rev 1949). Frédéric Chopin, Concierto para piano nº 2. Alexander Borodin, Sinfonía nº 2. Seong-Jin Cho, piano. London Symphony Orchestra. Gianandrea Noseda, director.
0,0007854

Apenas un día antes de comenzar una gira española a partir del 17 de febrero (Barcelona, Zaragoza, Madrid, Valencia y Sevilla), la London Symphony Orchestra ofreció en su sede habitual del Barbican Center uno de los dos programas que va a presentar en esta gira española. Se trata de un programa muy clásico: una obertura para empezar, en este caso el Divertimento de 'El beso del hada' de Stravinsky, un concierto para piano y orquesta, el Segundo de Chopin, y una sinfonía después del descanso, la Segunda de Borodin. Dos horitas de concierto, incluyendo un descanso de 20 minutos. O sea, todo comme il faut. Tengo la sensación de que, después de unos años en que se intentaron algunas novedades con los protocolos concertísticos, se está volviendo a los modelos más tradicionales. 

Este concierto se enmarcaba en la serie de conciertos que la London Symphony Orchestra ha llamado "LSO- Artist Portrait: Seong-Jin Cho" y que ha llevado a Cho a ofrecer dos conciertos orquestales y dos de cámara con la LSO en esta semana, continuando lo que ya es una larga asociación entre Noseda, la LSO y Cho. De hecho, el primer album de estudio que grabó Cho fue precisamente con la LSO en 2016, e incluía el Concierto para piano nº 1 de Chopin dirigido por Noseda, que luego repitieron en concierto en diversas ciudades europeas. Y en 2021, durante la cuarentena del COVID, Noseda, Cho y la LSO grabaron el Concierto para piano nº 2 de Chopin que volvieron a presentar en este concierto. 

El beso del hada es una obra muy poco habitual en el repertorio. Posiblemente porque desde su estreno ha sido dificil clasificarla dentro del estilo stravinskiano. A partir de una idea de Alexandre Benois, Stravinsky inició este ballet destinado a la compañía de Ida Rubinstein, quien había acogido a bastantes de los miembros de los Ballets Russes tras la debacle que significó para la compañía la Primera Guerra Mundial y la inmediata posguerra. El estreno en 1928 fue un éxito, aunque resultó extraño para muchos seguidores de Stravinsky, y el ballet nunca entró en el repertorio como lo habían hecho sus ballets anteriores a 1914 e incluso Pulcinella (1920), aunque fuera en su versión de suite. El Divertimento de 'El beso del hada' es un arreglo como pieza de concierto que preparó en 1934, aunque en este caso -como casi siempre- se usó la revisión de 1949. 

Las notas al programa de Timmy Fischer para esta obra (la LSO utilizó cuatro autores distintos para el conjunto de las notas) inciden en la relación de Stravinsky con Chaicovsqui y dedican bastante espacio a justificar esta adaptación de melodías de Chaicovski junto con otras propias sin que sea una traición al Stravinski juvenil que había abominado del estilo de Chaicovski. Aunque por lo que he ido viendo a lo largo de mi vida, tengo la sensación de que todos los rusos adoran a Chaicovski y se sienten muy comodos con él, lo reconozcan o no, y Stravinsky no es la excepción. El texto de Fisher acaba diciendo:

El beso del hada debe ser visto como un intento de Stravinsky de limpiar el nombre de Chaicovski, de destacar su técnica compositiva y su originalidad y, al hacer esto, reparar una deuda de su infancia. 

La versión de Noseda también jugó con esta dualidad estilística de Stravinsky. Si la 'Sinfonia' inicial sonó a Chaicovski, en las 'Danses suisses' y en el 'Scherzo' hubo momentos de sonido casi feo, agresivo incluso cuando era al mismo tiempo dulzón. El 'Pas de deux' final, con sus diferentes partes, me pareció lo mejor de la partitura, porque además Noseda es un director efectivo, algo sobrio, que lo supo plantear con un fluir de la música muy natural, muy bien organizado que acaso hubiera sido mucho más difícil de no haber contado con una LSO que está en un momento bueno (ha renovado muchos atriles -27 según mis cálculos- desde el año 2016) y suena muy empastada. 

Me resultó especialmente interesante escuchar el Concierto para piano nº 2 de Chopin en la versión de Seong-Jin Cho (Seúl, 1994) sólo nueve días después de habérselo oído a un pianista tan distinto -por generación y por escuela- como Nelson Goerner (San Pedro, Argentina, 1969) en A Coruña, con la Orquesta Sinfónica de Galicia y un joven director coreano, Hankyeol Yoon (Daegu, Corea del Sur, 1994). Ciertamente son orquestas y directores bien distintos y los resultados también lo fueron. Si en A Coruña falló el entendimiento entre director y pianista, en esta ocasión Noseda y Cho tenían ya muy 'rodado' el Concierto nº 2 juntos y eso se notó. Pocas veces había escuchado este Concierto nº 2 tan bien acompañado, con esta empatía entre director, solista y orquesta (a los músicos también se les veía contentos) y con unos rubati tan exquisitos. 

De hecho, ya antes del concierto, en una entrevista en el otoño de 2025 Cho había declarado que el Concierto nº 2  (el primero en ser escito por Chopin, aunque se publicara después) 

es de algún modo más apasionado para mí que el primero. Es más como una especie de ópera. Tiene un segundo movimiento muy hermoso y la sección central suena como un recitativo 

Y añadía Cho que Noseda: 

es el compañero perfecto para este tipo de música porque está muy acostumbrado a la ópera. Amigos y otros directores me dicen siempre que este Concierto es difícil para el director, porque es tan libre. Pero aún tenemos que preocuparnos ambos por el tempo. Para mí la música es el arte del tiempo, como la pintura es el arte del espacio. 

Noseda no introdujo grandes novedades, pero sí un planteamiento personal en una serie de detalles, que al sumarse acabaron proporcionándonos una experiencia distinta de una obra tan conocida como esta. El 'Maestoso' inicial fue muy animado, casi un Allegro, y en general la larga introducción orquestal estuvo dotada de una seriedad y un sentido direccional que superaban con creces el carácter introductorio que la mayoría de los diirectores le dan a este fragmento. De este modo la entrada de Cho tuvo una potencia grande, que no se basaba en una dinámica ff, sino simplemente en un sonido amplio que encajaba perfectamente con la introducción orquestal. 

El 'Larghetto' fue aún mejor si cabe. Cho mostró la dulzura y el gusto por la melodía a lo Bellini que ya destacaba antes en su entrevista acerca de este Concierto nº 2: este fue el mejor momento de la noche y nos dejó totalmente encandilados. El 'Allegro vivace' final no renunció al melodismo, pero fue muy saltarín, virtuosístico incluso pero al modo chopiniano, no al de fuego artificiales que a veces se le adjudica y Noseda obtuvo un sonido en los pizzicatti de los violines sumamente atractivo y unos rubati milimétricamente conjuntados entre solista y orquesta. Como propina Cho ofreció una versión preciosa, por lo delicada y al tiempo natural, del Vals nº 12 de Chopin. 

La segunda parte del concierto, tras los preceptivos veinte minutos de descanso, estuvo dedicada a la extraordinaria Sinfonía nº 2 de Borodin, que Noseda planteó como una obra potente y no sólo por los nueve contrabajos que utilizó como cimientos del sonido de la LSO, sino especialmente por su ya antes mencionado -y alabado- cuidado de la calidad del sonido, tanto en el conjunto de la orquesta como en momentos concretos de cada familia, sobre todo en el 'Scherzo: Molto vivo', un movimiento 'agradecido' para el lucimiento de los músicos. El 'Andante'fue tan lírico que por momentos evocaba un ballet de Chaicovski, incluso aunque esta sinfonía sea anterior a todos ellos. Curiosamente el Noseda que había sido tan discreto dirigiendo en la primera parte del concierto, se fue soltando a medida que avanzaba la obra de Borodin y en este 'Andante' tan tranquilo es casi cuando más se movió por su tarima. El 'Finale: Allegro' llevó un tempo muy ligero y un carácter de baile popular rápido que -en este caso- recordaba al Dvorák de las danzas húngaras o de las obras norteamericanas. En los últimos minutos de la Sinfonía Noseda nos 'manipuló' en el buen sentido de la palabra: primero frenando la música hasta que casi se oía el silencio para luego comenzar un accelerando y crescendo que nos llevó de cabeza al final de la Sinfonía e hizo inevitables los enormes aplausos finales. 

Como apuntes finales añadir que la sala del Barbican estaba totalmente llena y con un porcentaje muy alto de gente joven o adultos jóvenes, algo que ya no es habitual en muchos países europeos, y que el concierto era retrasmitido en directo por Stage+, pero que -al contrario de lo que suele pasar en estos casos- casi no llegó a notarse, porque aunque las cámaras estaban en el escenario, sus operadores las manejaban a distancia y no se les veía en escena. 

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.
🎂 Mundoclasico.com cumple 30 años el 1 de mayo de 2026

Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.

Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.

🙌 Registrarse ahora