Discos

Simon Boccanegra y su hija Amelia

Francisco Leonarte
Verdi, Simon Boccanegra
Simon Boccanegra, melodrama en un prólogo y tres actos. Versión de 1881. Música de Giuseppe Verdi. Libreto de Francesco Maria Piave, con añadidos y modificaciones de Arrigo Boito, a partir de la obra de Antonio García Gutiérrez. Con Ludovic Tézier (Simone), Marina Rebeka (Amelia), Francesco Meli (Gabriele), Michele Pertusi (Fiesco), Mattia Olivieri (Paolo), Andrea Pellegrini (Pietro), Vasco Maria Vagnoli (capitano), Silvia Cialli (ancella). Coro y Orquesta del Teatro San Carlo de Nápoles. Director del coro, Fabrizio Cassi. Dirección musical, Michele Spotti. Una caja de dos cds grabado en directo en el Teatro San Carlo de Nápoles en octubre de 2024. Comentario de Francesco Izzo, biografías de los intérpretes y libreto en italiano y en inglés. Ingeniero de sonido, edición y mezclas, Edgardo Vertanessian. Producción ejecutiva, Edgardo Vertanessian y Marina Rebeka. Prima Classic, 2026.
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Si no son pocas las obras que Verdi retocó aquí o allá a lo largo de su carrera, Simon Boccanegra casi parece, por excelencia, la obra de juventud que el Verdi maduro logró rescatar del olvido –juventud relativa, ya que en el momento del estreno absoluto de esta ópera (Venecia, 1857) Verdi ya había compuesto su trilogía popular (Rigoletto, Trovatore, Traviata)-. En todo caso Simon es piedra de toque en la carrera de Verdi porque inaugura no sólo su colaboración con Arrigo Boito (que a petición del editor Giulio Ricordi se encargará de presentar a Verdi la remodelación del libretto original) sino también un nuevo estilo, más depurado, más avaro de melodía y más centrado en la declamación, cuyos primeros ejemplos se hallan en la obra remodelada (en particular el monólogo de Paolo al inicio del segundo acto). Es también una obra que en muchos aspectos establece un puente entre la música de Verdi y la de los jóvenes compositores veristas (muy jóvenes todavía en 1881) porque Verdi, maestro en captar el aire del tiempo, en su remodelación trae por ejemplo acentos de Ponchielli.

Los intérpretes se encuentran entre los más granado de los actuales cantantes verdianos. A comenzar por Ludovic Tézier, tal vez el barítono más deseado por el público en las últimas dos décadas. Voz grande, expresiva, con personalidad, con agudos potentes, Tézier está cantando el rol de Simon por todos los grandes teatros. Difícil encontrar mejor. Cierto, la toma de sonido puede resaltar al principio el vibrato, pero pronto la voz se calienta y el problema desaparece. Tézier sabe crear un personaje tan digno de su cargo como humano, afectado por los sufrimientos de los demás, capaz de ternura y de santa indignación. Funciona notablemente.

En cuanto a Marina Rebeka, brilla siempre más y mejor. Su voz permanece tan fresca como el primer día, sin síntoma alguno de desgaste a pesar de una carrera que empieza a ser importante, con ese timbre tan hermoso. Su fraseo siempre claro y musical, perfectamente inteligible, con pasmosa facilidad en agudos y graves... Tener a Rebeka para este tipo de roles tan arriesgados es todo un lujo. Recordemos que es el único papel femenino importante en todo Simon Boccanegra, un papel que necesita a la vez delicadeza y potencia, que ha de hacerse cargo de varios concertantes y sobrevolar la masa orquestal y coral en melodías dulces (siguiendo la concepción decimonónica de la dulzura femenina). Rebeka en este sentido es perfecta.

A Francesco Meli le corresponde hacer de galán -galán al gusto italiano, celoso, temperamental-. Si su voz ya no es la del lírico que cantaba el Edgardo de Luccia di Lammermoor, el arrojo con el que acomete la partitura, su entrega, son indiscutibles.

Como Fiesco tenemos a Michele Pertusi, un bajo que en su día hizo las delicias de los rossinianos del mundo entero. Hoy en día su voz corresponde a la de su personaje en Simon, a saber, un señor baqueteado por la vida. Y como siempre quedan el arte del canto, las notas altas y graves, el enorme sentido teatral, y en suma la inteligencia y la musicalidad de un cantante-artista, el resultado es más que notable.

El quinto rol, Paolo, con varios momentos entre los más hermosos y originales de la partitura (su canzonetta con coro del prólogo y el monólogo pre-Yago al que aludíamos en la introducción), le corresponde a Mattia Olivieri, uno de los jóvenes barítonos con más proyección internacional. La voz es menos amplia que la de sus experimentados compañeros de reparto, pero la entrega es igual de grande, y Olivieri compone un personaje no sólo de malvado sino también de hombre que se siente traicionado, con un punto de vulnerabilidad que lo hace muy interesante.

Cumplen en sus pequeños roles Andrea Pellegrini como Pietro, Vasco Maria Vagnoli como capitán, y Silvia Cialli como criada.

Al coro del Teatro San Carlo de Nápoles nadie tiene que enseñarle qué es la tradición italiana, y una vez más lo demuestra. Michele Spotti lo dirige como dirige la Orquesta del mismo teatro, con brío, resaltando más la espectacularidad que el intimismo, con los golpes de efecto que el propio Verdi deseaba.

Todos hacen pues prueba de italianità, respondiendo en efecto al gusto del público italiano por las voces grandes, los caracteres afirmados, y tal vez un punto de teatralidad verista que sigue funcionando muy bien en el país de Verdi.

Al tratarse de tomas en directo, grabadas en octubre de 2024 durante las representaciones en el San Carlo de Nápoles, tiene la grabación el mérito de recoger la emoción del canto ante el público, la emoción del directo.

Al mismo tiempo el ingeniero de sonido, Edgardo Vertanessian, ha preferido obviar los detalles del directo (aplausos, ruidos de escena...) y en vez de recoger la atmósfera de la sala, el sonido de conjunto, ha optado por diferenciar con nitidez a cada intérprete. Así todo suena cercano, la voz parece venir de la silla de al lado en el mismo salón de casa. Por momentos puede parecer un punto demasiado cercana, ya que así es imposible enmascarar fatigas o defectos de las voces. Pero al mismo tiempo da a la obra una inmediatez, una proximidad, que convienen bien a este tipo de drama, a la vez espectacular e intimista.

Así, la presente grabación encantará a quienes busquen limpieza de sonido, emoción de la representación, voces grandes y expresivas e italianità a raudales en una de las obras más atractivas de Verdi, 

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