Simpático concierto por el bicentenario del nacimiento de Johann Strauss hijo, todo con obras de... Johann Strauss hijo. Presentando el concierto, el humorista Alex Vizorek. Haciéndose el tonto, en realidad sus chistes oscilan entre la actualidad política (repartiendo a diestra y a siniestra) y la música, y es ahí donde uno se da cuenta de que de tonto no tiene un pelo. Una sólida preparación de sus números, o una sólida cultura musical, le permiten meterse al público en el bolsillo. Presentación amena, divertida, y con bastante información sobre el compositor. Para este tipo de concierto con vocación festiva, es perfecta. 1
Programa bien hilado, que no intenta remedar los famosos Conciertos de Año Nuevo vieneses pero que tampoco busca originalidad a cualquier precio. Con obras en general bien conocidas pero siempre eficaces. En algunos casos, de tan repetidas pueden venir a la mente comparaciones siempre odiosas con las más señeras interpretaciones -en ese sentido el famoso Danubio azul, siendo de obligada inclusión en el programa, no resultó el momento más lucido-. Pero al final la alegría contagiosa de las partituras, su sensualidad embriagante, terminaron por ganarnos a todos.
Y es que tal vez no estuviéramos ante unos intérpretes excepcionales (¿Por qué querer que todo sea excepcional? ¿Por qué no admitir simplemente las cosas bien hechas: que ya es mucho?) pero sí ante unos intérpretes muy, muy sólidos y con tantas ganas de disfrutar como el público.
La soprano Catherine Trottmann, de timbre claro, de bastante volumen -sobre todo para su cuerda de soprano ligera- con unas vocalizaciones precisas y seguras, y con simpatía, aborda las dos arias de Adele en El murciélago, y la versión cantada que el propio Strauss hijo hiciera de su vals Voces de primavera. Y cosecha merecidísimos aplausos y ovaciones.
La orquesta la sigue con atención, el director Bastien Stil cuida el volumen para no cubrir a la solista. Stil tiene frescura, no abusa de los rubati (incluso puede a veces parecer demasiado parco en su utilización), y sabe dar sentido a cada frase, utilizar los volúmenes, manejar los tiempos con rigor, ser preciso en sus indicaciones y dar ganas a sus profesores. Es muchísimo.
Con estos mimbres escuchamos las obras de Strauss con la naturalidad con que fueron escritas, sin interpretaciones personales, en toda su variedad: las regocijantes Marcha persa y Marcha egipcia (tantas páginas de zarzuela quedan ya vaticinadas en esas dos marchas, de Luna a Serrano pasando por Lleó), la gracia de la Polka de Ana (qué cercana también a las mazurcas de Chueca), el torbellino de la Trish-trash polka, la majestad del Vals del emperador...
El público venía a divertirse, ¡y a fé que nos hemos divertido!
1. Además, por una vez, la sonorización del actor no era invasiva. Discreta y eficaz. Bravo al técnico de sonido.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios