Año de homenajes este 2026, con el cincuenta aniversario del fallecimiento de Benjamin Britten, y las dos salas más comprometidas con la música clásica en Sevilla ya han conmemorado su figura de dos formas tan diversas como brillantes. Si bien hace pocas semanas se ofrecía en el Espacio Turina un íntimo y sobrecogedor espectáculo firmado por uno de nuestros mejores directores de escena, Rafael R. Villalobos, el Maestranza optó por presentar -por primera vez en el teatro- la lectura britteniana de El sueño de una noche de verano de Shakespeare.
En este caso, es imprescindible comenzar con la producción que firmó Laurent Pelly para la Ópera de Lille en 2022 y que, tanto entonces como ahora, ha sido unánimemente aclamada. Escasos elementos escénicos, una brillante iluminación y un magistral movimiento de actores, además de una sabia diferenciación de planos dramáticos a lo largo de toda la obra, hacen que esta propuesta sea probablemente una de las más redondas de la historia de la obra. Con estos mimbres, es casi imposible no involucrar al público.
Y del mismo modo que Pelly supo diferenciar planos, también lo hizo el atento y sensible maestro Corrado Rovaris con la Sinfónica de Sevilla, excelente como siempre que debe colocarse en el foso y brillante en cada uno de los números clave de la obra. Impecables especialmente el inicio y el final, momentos nada fáciles, que fueron resueltos con admirable precisión. A su vez, una gran suerte contar con la empastada Escolanía de Los Palacios, siempre entregada a la causa y transmitiendo ese disfrute inocente, aquí más si cabe, que traspasó las tablas.
El equilibro se mantuvo asimismo el reparto: todos se situaron a una altura considerable. Comenzando por unas voces femeninas muy bien elegidas para cada rol, el estratosférico de Titania no pareció ser un problema para la templanza de Rocío Pérez, cuyo instrumento sonó fresco y maleable; bello y aterciopelado, el de Heather Lowe como Hermia. De otra parte, gran dominador de la escena, Xavier Sabata destacó por su cuidado fraseo y elegancia; impetuoso Lisandro fue David Portillo, tenor de bello timbre y suficiente proyección, y cómico y desenvuelto el Bottom de David Ireland. Chispeante e hipnótica, para finalizar, la actriz Charlotte Dumartheray como Puck.
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