El anuncio del recital de Tamara (Belgrado, 1973) de inmersión en el mundo pianístico de György (Lugoj, Rumania, 1926) excitó en mi memoria la viva impresión que me causó la representación de su ópera en el Festival Enescu de Bucarest el pasado mes de septiembre, de modo que rehice mi intensa agenda londinense para incorporar este concierto, que forma parte del extenso homenaje a Kurtág en su 100 cumpleaños, que se celebraba justo este 19 de febrero.
Fui ilusionado a este recital en la acogedora sala de conciertos de la Guildhall School of Music and Drama, el Milton Court Concert Hall, y salí asombrado por la intensidad de la experiencia, que ratificó mi vieja admiración por Kurtág y mi enorme respeto por la ejemplaridad de su figura, tanto ética como estéticamente.
A lo largo del mes de febrero diversos medios españoles han publicado artículos de opinión y/o síntesis sobre Kurtág y su universo creativo, de cuya riqueza dan testimonio la pluralidad de perspectivas. Lo que despertó mis alarmas no fueron las divergencias, sino la concordancia en afirmar que Kurtág es un artista renovador que ha transitado algunos de los 'senderos que se bifurcan' del jardín de las vanguardias.
Nunca se me había ocurrido pensar en Kurtág como un renovador y menos aún como un vanguardista, pues siempre lo concebí como un 'maestro' experto en transitar por los caminos de las tradiciones de la música occidental. Cierto es que Kurtág, como o , descubrió en carne propia que "se hace camino al andar", lo cual explicaría que bastantes de sus numerosas miniaturas para piano presenten similitudes con la práctica jazzística de los estándares (entiéndase esto en el sentido paradigmático que o Keith le han dado al concepto de 'estándar').
Tamara Stefanovich es una pianista ya madura que amplió sus estudios con Pierre-Laurent en Colonia, tras haberse formado en la Universidad de Belgrado y en el Curtis Institute of Music de Filadelfia. Es obvio que ha sacado el máximo provecho de las enseñanzas técnicas de Aimard, y aún más de sus perspectivas y sus reflexiones sobre el repertorio pianístico entendido como un territorio espiritual y un continuum estético.
Stefanovich diseñó su programa como un monográfico Kurtág interpolado por Bach, Debussy y Liszt, en el cual da visibilidad a las apropiaciones, espejismos, recuerdos, reconstrucciones, y reflexiones de Kurtág sobre el repertorio del piano, instrumento predilecto del compositor, del cual Kurtág y su esposa Márta (1917-2019) fueron virtuosos consumados.
Stefanovich nos condujo en un viaje de más de una hora -sin interrupciones- de eso que Liszt llamaba "interpretación transcendental", en el cual la excelencia técnica fue el vehículo para sumergirnos en un mar de sensaciones, emociones, fascinación, sorpresas, constantes recursos a la memoria, y sobre todo belleza y decoro. Un viaje que comienza y termina con Bach, desde el Capriccio por la partida de un amado hermano hasta el Contrapunto nº 14, inacabado, de 'El arte de la fuga'. Terminado el viaje, y antes de que el público estallase en ovaciones, Stefanovich añadió un delicioso guiño al maestro centenario, la Pantomime de Kurtág.
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